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La esperanza se vota

La esperanza se vota. El voto es un derecho y un deber, la base de nuestra democracia, a través del cual emitimos nuestra voz sobre el rumbo del País al depositar nuestra confianza en aquel, aquellos o aquellas aspirantes que se postulan a un puesto público – desde la presidencia hasta nuestros delegados –; de este modo, nos aseguramos que la voz del pueblo sea la que rige a la sociedad y los representantes se ocupen de efectuar gestiones conforme a las necesidades de quienes los escogieron.

Nuestro voto, otorgado a partir de los 18 años de edad, para asegurar que la voluntad popular se cumpla tiene dos características esenciales: es libre y secreto. La primera característica garantiza que sea la voluntad personal, que aquello que nos parece más recomendable para los intereses de nuestro País, de acuerdo a nuestro punto de vista, se cumpla, sin que sea corrompido por intenciones ajenas a las nuestras; por otra parte, es secreto para que, sin importar a quien hayamos elegido, no tengamos por qué dar explicaciones de nuestra decisión o bien, que esta sea causa del escrutinio público, se trate de quien se trate.

Tristemente, las malas gestiones y corrupción han llevado a que la ciudadanía pierda la confianza en las entidades que, teóricamente, existen para representarlos, administrar los recursos del pueblo y velar por el bienestar de la sociedad. Ejemplos pululan – sencillamente hay que voltear a ver al Estado de México –, y la percepción de corrupción que tiene la población, por lo general, es lamentablemente alta – en donde el PRI es considerado el partido más corrupto –, pues viene acompañada de inseguridad, impunidad e impotencia. Esto se encuentra justificado en los índices de inseguridad que  se proliferan a pesar que las administraciones se esmeran por tratar de hacernos creer que no es así, que se encuentra en nuestra cabeza.

La pérdida de confianza ha tenido como consecuencia una baja en la participación electoral, ya que consideran que, sin importar como emitan su sufragio, las elecciones se encuentran maleadas y, por consiguiente, este no tiene auténtica validez; o bien, se estima que, sin importar quien resulte victorioso, los resultados serán siempre desfavorables para el pueblo, pues quienes se postulan no lo hacen por una voluntad de servir, sino de enriquecerse, de lucrar con los recursos de la gente.

Esto, ha fomentado la adquisición de votos, otra de las grandes dificultades para nuestra democracia; esto sucede por dos razones, quienes piensan que su voto realmente no tiene valor y optan por recibir una recompensa – casi un premio de consolación –; el otro motivo, es, tristemente, el desconocimiento de todos estos derechos, y por lo tanto, a través de la intimidación o, simplemente, engaños presionan a los ciudadanos a votar por algún aspirante o partido.

No obstante, debemos saber que el poder realmente se encuentra en nosotros y el voto es nuestra voz, una voz que no debe ser callada, ni por presión ni por apatía, pues las cosas sí pueden cambiar. Se trata de modificar lo que agobia por medio de nuestra voluntad política unida no puede ni debe ser acallada.

La esperanza se vota este 4 de junio, la información y la unión son nuestros mejores aliados, con MORENA y la maestra Delfina Gómez, podemos comenzar el cambio; no es coincidencia que las encuestas la ponen en el primer lugar y consideran al partido como el menos corrupto.

Con un voto responsable lograremos que el Estado de México sea un lugar donde podamos sentirnos seguros y lograr un verdadero bienestar.

Tags : ConfianzaEsperanzaEstado de MéxicoGestiónVoto
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